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Roberto Alberto - Estudio Trece

Pintar historias desde la primera línea de fuego

Roberto, en Estudio Trece
Roberto me recibe en Trece, su tienda-taller en Amador de los ríos, el número trece de su trayectoria. Llamarle Roberto es rarísimo para mí, parece que hablo de otra persona. Para mí es Piwy, apodo por el que lo conocí hace ya treinta y tantos años 😣, en 1º de BUP. Y ni siquiera está bien escrito. Como se apellida Alberto y yo Blasco, y nos sentaban por orden alfabético, siempre estuvimos cerca. 

Hoy, en parte gracias a que nuestras familias han conectado, seguimos cerca :)

Convertirte en un personaje para encajar en un lugar que no es el tuyo

Que tuviera un apodo no era casual, porque Piwy era un personaje. Un personaje que él mismo había creado y perfeccionado durante años para intentar encajar en un espacio en el que no se encontraba. El ambiente de su barrio en San Juan de Aznalfarache, rural y libre, nada tenía que ver con el del colegio, más elitista y controlado. Era Piwy o Roberto según donde se encontrara. 

Roberto ha dibujado siempre. Las caricaturas formaban parte de su personaje, aportándole un toque gamberro y simpático. Sabía que se le daba bien y era donde se sentía cómodo, pero aún así, al finalizar COU, empezó a estudiar Química cuando lo que quería era hacer Bellas Artes, pero claro, con eso no se gana dinero (aunque en realidad algo ganaba con pequeños encargos). 

Al llegar a Navidad se plantó ante sus padres y les dijo que no iba a aprobar "una asignatura de matemáticas en la que no aparecía ni un número". Llegaron a un acuerdo: te prepararas para el examen de ingreso en Bellas Artes pero tienes que aprobar al menos una asignatura de Química. 

Escogió (y aprobó) Biología. 

Empezar a ser tú mismo

Sus manos

También aprobó el examen de ingreso y estudió Bellas artes. Ya entró sin en el apodo (nadie le conocía, qué importante es esto para empezar una nueva vida), y empezó a disfrutar de sí mismo y de sus estudios. Allí ya empezó a creer que podía ganarse la vida dibujando. 

Aún así se especializó en Restauración 🤦🏻‍♀️

También se dio cuenta de que para estudiar y vivir del arte hace falta dinero. A diferencia de otras profesiones, en esta, cuanto más trabajas más gastas. Hay que gastar en materiales para hacer obras, y hay que gastar en exposiciones para exponer las obras y venderlas. Esto te condiciona, y es la razón por la que no pudo estudiar Grabado, por ejemplo, por la que no ha podido montar determinadas exposiciones, y por la que no ha podido hacer (aún) determinadas obras. 

Exponer(te)

Obra con frase de Antonio Tocornal que le representa
Tras una temporada en el mundo del diseño gráfico con el boom digital, comenzó a pintar obras y a exponerlas aquí y allá. Casi siempre en Madrid, porque en Andalucía, "todas las galerías están subvencionadas y la Junta dice dónde y quién expone. Los galeristas no saben vender, son meros dependientes". 

Empezó así a conocer el mundo del negocio del arte, el de las galerías blancas y frías, el de la hipocresía, el de los periodistas del arte que te pasan sus tarifas si quieres que escriban una reseña positiva sobre ti, el de los artistas que se creen tocados por la mano de dios. 

Aún así, entró, observó y consiguió participar en ese mundo desde la perspectiva más honesta que pudo. E incluso encontró buenas personas y relaciones, con su enorme facilidad para mediar en los conflictos y salir ileso. 

CreErte

"Find a place where you do not get in trouble"
Roberto pinta realismo con mucha influencia de autores y temas norteamericanos (Edward Hopper, Andrew Wyeth, los años 40-70). "Tengo más de dibujante y fotógrafo que de pintor, de captar una escena más que de imaginarla".  

En un momento en que en Sevilla solo le hacían encargos de estampas de pueblos, Semana Santa y retratos (realizó el cartel de las Fiestas de la primavera 2002), llegó uno de sus golpes de suerte. Una amiga que vivía en Pittsburgh, le puso en contacto con un profesor de su universidad que que, en el viaje de estudios, pasaba por Sevilla. Al visitar el taller-vivienda de Roberto y ver sus libros, carteles y discos de jazz conectaron en seguida. 

El año siguiente, la Universidad de Slyppery Rock le invitó a participar en la Semana Hispánica, donde dio una charla sobre la influencia americana en su vida y en su obra. Y el año siguiente repitió viaje con una beca en residencia, realizando acciones no solo en la facultad de Filología sino también en la de Bellas Artes. 

Si me tratan como un artista, será que lo soy. 

CreArte

Ya sea la obra de inspiración propia o un encargo, "necesito contar una historia para poder transmitirla". Si no se la proporcionan, él se la inventa, pero necesita esa conexión durante el tiempo que dure su ejecución. Pintar se convierte así en un momento íntimo, de introspección, y busca mantenerse en ese momento de disfrute melancólico y que no se rompa. 

Una vez terminada la obra, "esa vinculación con la historia se rompe, ahora toca que disfruten de ella otras personas, que siga narrando historias, aunque sean diferentes". 

A Roberto le gusta rebuscar entre las historias y encontrar las que son singulares. A veces las comparte en las redes sociales y es un placer leerlo, también se le da bien escribir. 

Ave fénix  

Obras en pequeño formato
Con la crisis del 2008 que a Sevilla llegó en el 2012, cerraron muchísimas galerías y la venta se volvió mucho más local. Su obra encontró su sitio en espacios comerciales orientados más al diseño de interiores. De esta manera, descubrió un nuevo cliente, ese que no visita galerías porque eso es para otro tipo de gente. Clientes como tú o como yo

Empezó entonces a realizar obras más personalizadas, a explorar y experimentar con materiales ajenos a la pintura (un ventana, un tronco de árbol) y con diferentes formatos, a pintar obras asequibles que pudieran regalarse para una ocasión especial o Navidad. Y a vender directamente sin intermediarios, a través del correo electrónico o de las redes sociales. 

Además, Roberto creó una familia junto con Almudena: dos hijas y un hijo. Esta nueva situación le obligó a sacar el taller de su casa y compartir espacios con otros artistas, experiencia que no siempre salió bien: "las fronteras están difusas. Me exigen compartir mi vida y no siempre me sale". 

Lo que sí le permitió su condición de autónomo fue ajustarse a los horarios de los peques, llevarlos al cole, trabajar por la noche en verano... lo que viene llamándose conciliar.

Trece, sede de la infantería del arte

Parece uno de sus cuadros, pero es una foto
10 años después, la historia se repite. A las puertas de su primera exposición en Pittsburgh, se declara la pandemia mundial de la COVID-19 y de nuevo hay que reinventarse. Pero él ya ha estado aquí antes. 

En un momento en el que las galerías y las exposiciones escasean, ha creado su tienda-taller, un espacio donde puede ser él mismo, sin intermediarios, y dirigirse a un público más cercano con el que se siente más cómodo, creando obras más asequibles y personalizadas. 

Trece es la sede de la infantería del arte. Donde residen aquellos soldados que dan la cara y el cuerpo y se enfrentan los primeros en las batallas. Aquellos sin los cuales no existiría el arte. No es una galería pero tampoco un mercadillo, tienes que verlo.

Me despido con este regalo, la canción "a la que me gustaría que se parecieran mis cuadros; tiene ese tiempo que busco que es como de orilla casi llegando a bajamar, y en portugués, que mezcla saudade y amor por la vida". Os aconsejo que la escuchéis viendo su galería virtual en Flickr, para así intentar meteros en su cabeza y disfrutar de los sentidos del oído y de la vista. 

Bonita historia. 

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Más información



Datos de contacto 
Obras de Roberto Alberto en Sevilla 

  • Cartelería del Café Picalagartos. C/Hernando Colón, 7
  • Puertas de los baños del restaurante Mano de Santo. Alameda de Hércules, 90
  • Planetario en el techo de Kepler Bar. Paseo de Cristóbal Colón, 7 

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